La guerra civil española ha marcado un antes y un despues en la historia. Millones de muertos, millones de historias enterradas y un montón de recursos derrochados de los que todavía no nos hemos recuperado del todo. Como en cualquier conflicto bélico, ambos bandos perdieron efectivos. Hasta ahí no se diferencia en nada de ninguna otra guerra. Los muertos los pone el pueblo. Pero lo que la hace cruel y diferente, fue la persecución que el bando republicano y derrotado sufrió durante los años que duraría el régimen. Qué necesidad había si la guerra ya había terminado?
Una frase define bien la historia; en una guerra existen los muertos, pero en tiempos de paz...los que matan son los asesinos...
Nombres que encierran historias,
dos españas, crónicas, represión,
voz autoritaria que dicta la memoria
de los libros escritos desde el ambón.
Huesos que desgasta el tiempo,
a lo lejos el llanto de un niño
que espera impaciente
cerrar la ventana,
por dónde vió marchar
a su padre herido.
Hacia un paseo cargado
de munición y de dudas,
y en la casa de Carmela,
siguen resistiendo a oscuras.
Alborea la mañana,
calles sucias, dictaduras,
queman en las aduanas
los poemas de Neruda.
En la batalla del Ebro
tal vez pudimos ganar
pero acabamos cayendo,
ríos de sangre hacia el mar.
Y me vino a la mente un recuerdo,
que emborrona las flores del camino,
que en una guerra existen los muertos,
pero en la paz...asesinos.
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