Todo ocurrió un verano de 2002. Ella era perfecta, no había nada en su figura o en su rostro a lo que poder sacarle defectos. Además tenía la facultad de saber sonreír cuando había que sonreír, y eso no es algo que muchas personas sepan hacer.
Fue un verano perfecto, cada tarde con ella era descubrir algo nuevo. Como esos primeros días de trabajo, cuando empiezas con un entusiasmo que incluso sobrepasa lo que podías haber imaginado. Pero como todas las cosas buenas, tienen su final. Nada dura eternamente. Se marchó a Madrid al finalizar el verano, quedando pendientes tantas cosas que contarnos. Las cartas llegaban cada semana, una tras otra, contándonos lo mucho que nos echábamos de menos y hablando sobre el poco sentido que tiene la vida sin el amor. Pero como todas las cosas buenas, esto tambien tuvo su final. Una semana de febrero, dejé de recibir mi carta de la semana. Sin saber la razón, no hubo más contestaciones. El entusiasmo de las primeras semanas de trabajo había cesado, y la distancia, como su propio nombre indica, sirvió para distanciarnos.
Dos veranos despues, en el 2004, ella volvió a aparecer por mi pueblo. La historia se repitió. Nos encontramos con tantas cosas pendientes por hacer, con tanto que contarnos despues de no habernos visto en dos años que el hecho de que no me contestase a las cartas quedó como una simple pequeñez al compararlo con la idea de volver a pasarnos juntos todo el verano. De nuevo fue un verano de locos, divertido, con sonrisas, con besos, con sentimiento, con mucho sentimiento...pero tambien de lágrimas. El sol se volvió a marchar y con él, tambien se marchó ella. Y se repitió la historia...cartas de invierno hasta febrero. Pero llegó la primavera, y no encontré más contestación en el buzón.
Se dice que el ser humano es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra, pero si ella es la piedra, no me importaría tropezar 3, 4 o las veces que hiciera falta. La esperé el verano del 2006, pero no apareció. Ni tampoco el verano del 2008.
Por curiosidad, estes días, la he vuelto a buscar. Tenía su nombre y apellidos en alguna carta que todavía conservo. Me puse a buscarla como un pirata en busca de su cofre. Por el facebook, por el tuenti, etc. pero cuando al fin encontré el cofre, despues de tantos años enterrado bajo la arena, el tesoro no resultó ser como yo lo recordaba. Fueron 6 años sin verla. Había cambiado tanto. La recordaba más guapa, con mejor sonrisa, quizás más simpática, quizás menos influenciada por la sociedad en la que se movía, o más responsable, sin dejarse persuadir por el contexto de la noche y de la droga, tan de moda ultimamente.
Me llevé una gran desilusión, porque a veces todavía pensaba en ella, sin saber que pensaba en una persona que ya no existe...y quizás por eso tiene sentido la frase que dice; al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...
El ultimo tren salía de la estación,
cerramos el trato, nos dijimos adiós.
Juramos respetarnos, volvernos a ver,
fué duro ganar, qué fácil es perder.
Descubrimos que el tiempo fluctúa con las distancias,
que faltaban los besos y sobraban las cartas.
Y mi mente bilocaba, buscando tu figura
en el hueco de mi almohada, y tú,
quebrabas la efigie de mi reloj.
Pero Agosto resurgió de sus cenizas y tu voz,
iba dejando a su paso, campos de azareas,
gorrión encendido, tú siempre regresas.
Aquí estás,
de nuevo amoldando mi mejor sonrisa,
buscando un rincón dónde cuidar los recuerdos,
se poblan de estratos, las cartas de invierno.
Y se perdió su rastro, por las calles de Madrid,
cualquier primavera era invierno sin tí.
Agostó regresó, no dibujaba tus pasos,
la orilla del mar,
pasaron los años, ¿donde estarás?.
Y un día cualquiera,
efigie nocturna, volviste a mi mente,
salto de la cama,
y corro a buscarte,
por las redes sociales.
Te encuentro, charlamos,
¿qué tal te va todo?
pasaron 6 años,
nada es como antes.
Y vuelvo a la cama,
añorando tu sonrisa,
tu ropa, tu pelo,
¿dónde has enterrado
mis bellos recuerdos?
2 comentarios:
Estimado:
Parto por agradecer tu visita a mi blog y darte el tiempo de postear uno de mis poemas.Se agradece, la dedicación en días de fugacidad permanente...
Con respecto a Cartas de invierno, siento que tus palabras tienen el sabor de esta estación. Tus imágenes llueven a melancolía y hay un tono muy lírico en tu narración...
Me gustó. Lo disfruté.
Las distancias son flagelantes y el tiempo es un glotón desenfrenado...
Espero que sigamos compartiendo, a la orilla del ciberespacio, instantes eternos llenos de emoción.
Siento decirte, amigo, que la poesía ha cambiado mucho en los últimos años.
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