Camina despacio,
sombrero en la mano,
nostalgia perenne,
buscando su espacio,
el hombre sin nada que decir.
Son setentaitantos
los años que el viento
lleva ya soplando,
cierra la ventana
mi tiempo se acaba
agarra mi mano.
Dejó las rentas escritas
cuando pasó por su vida
el diablo a visitarle,
tomese algo que no hay prisa,
le dijo con educacion,
que por un acantilado de ceniza y carton,
se desprende mi vida,
y para ser feliz deberas aprender
que la derrota y la gloria
viajan en el mismo vagon.
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